martes, 10 de noviembre de 2015

El Corazón de María rebosa de amor a Dios y de caridad hacia nosotros: San Juan Eudes


María no amó jamás nada fuera de Dios y lo que Dios quiso que amara en él y por él.

Entre las festividades de la Virgen María, la de su Corazón es como el corazón y la reina de las demás, porque celebra la sede del amor y de la caridad.

El objeto de esta solemnidad es el Corazón de la hija única y amadísima del Padre eterno, el corazón de la Madre de Dios, de la Esposa del Espíritu Santo, de la madre amorosísima de todos los fieles. Es un Corazón encendido de amor a Dios y de caridad por nosotros.

El Corazón de María es todo amor por Dios. Porque nunca ha amado nada fuera de Dios y lo que Dios quiso que amara en él y por él. Porque lo ha amado siempre con todo su corazón, con toda su alma, y con todas sus fuerzas. Porque no solamente ha querido siempre lo que Dios quería, sino que ha puesto en ello su gozo y felicidad.

El Corazón de María es todo amor por nosotros. Ella nos ama con el mismo amor con que ama a Dios porque es a él a quien mira y ama en nosotros. Nos ama con el mismo amor con que ama al Hombre Dios porque sabe que Cristo es nuestra Cabeza y nosotros sus miembros y por lo mismo somos una sola cosa con él. Por eso nos mira y ama en cierta manera como a su Hijo y como a hijos propios. Llevamos esta gloriosa condición por dos razones: porque si es madre de la Cabeza lo es de sus miembros y porque nuestro Salvador, en la cruz, nos entregó a su madre en calidad de hijos. Jesús nos la ha dado no sólo por reina y soberana, sino en calidad de madre, que es la más ventajosa que podemos imaginar. A cada uno de nosotros repite lo que dijo a san Juan: Esta es tu madre. Y Jesús nos entrega a ella no sólo como servidores y esclavos, sino en calidad de hijos: He aquí a tu hijo, le dice, hablando de cada uno de nosotros en la persona del apóstol amado. Como si le dijera: «Estos son todos mis miembros que te entrego para que sean tus hijos. Los pongo en mi lugar para que los mires, y ames como a mí mismo y como yo los amo».

Madre de Jesús: tú nos cuidas y nos amas como a tus hijos y como a hermanos de tu Hijo y nos amas y amarás eternamente con el mismo amor de madre con que lo amas a él.

Por eso, querido hermano, en todos tus asuntos, necesidades, perplejidades y aflicciones, acude al Corazón de nuestra amorosa madre. Es un Corazón que vela sobre nosotros y nuestros intereses. Es un Corazón tan lleno de bondad, dulzura, misericordia y liberalidad que nadie ha acudido a él con humildad y confianza sin recibir sus consuelos. Es un Corazón generoso, fuerte y poderoso para combatir a nuestros enemigos, para alejar y destruir todo lo que nos perjudica, para alcanzar de Dios lo que pide y colmarnos de toda clase de bienes.

(San Juan Eudes, Sobre el Admirable Corazón de Jesús. Obras Completas VII, 461-46; 8, 114-122. 139 - 140.)






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