viernes, 10 de marzo de 2017

Las tentaciones en la vida cristiana de hoy



A lo largo de nuestra vida como cristianos siempre estaremos inclinados y seducidos por el mismo Espíritu de Dios a ser conducidos al desierto interior de nuestra vida. Es allí, donde nos encontramos con lo que somos, tenemos y padecemos.Situación angustiosa por un lado, de encontrarnos a nosotros mismos, sin ninguna máscara ni apariencia; y por otro lado, potencial enriquecedor que nos hace ser hijos de Dios por medio de su gracia salvadora.

Todo este juego de sentimientos, emociones nos ayudan a reconocer las limitaciones, y las riquezas de nuestro ser. Allí, es donde se dan las grandes batallas y luchas existenciales entre la búsqueda del bien como virtud y el mal como propuesta que se nos exhibe para debilitar toda oferta de felicidad.

Al hablar hoy día sobre las tentaciones son muchas las cosas que se pudieran decir. Cada quien en su vida ha tenido experiencia de sentir que sus proyectos de vida que han sido llevados con entusiasmo y espíritu de sacrificio, se han visto tocados por otros espíritus que han llegado a cautivar y ofertar la fidelidad que se ha tenido hasta ahora. He allí, donde se presenta el dilema de lo que hay que preservar. La fidelidad a la palabra dada, que se ha venido llevando con entereza, y sacrificio, o la oferta apetitosa que se presenta como novedad que viene a ocupar un espacio dentro de la opción de vida que se ha venido haciendo con criterio de búsqueda hacia la felicidad.

Por experiencia sabemos, que ambas expresiones de vida aparecen en el camino, muchas veces sin buscarlas. Éstas tendrán que ser dicernidas, pensadas y hasta valoradas como oportunas para medir la madurez y a su vez la capacidad de responder con sensatez lo que conviene, como opción fundamental de vida.

Creo que aquí, es donde se exterioriza el meollo de la cuestión. Ante estas situaciones de la vida, ¿crecemos en la virtud, o nos sentimos desarmados, sin fuerzas para combatir las ofertas seductoras del mundo? o por el contrario, ¿nos sentimos tan seguros y afortunados de pensar qué no caeremos ante la tentación de ofertas seductoras del mundo? Son cuestionamientos que día a día tenemos que ir formalizando desde lo que somos, ya que no estamos lejos de situaciones que vienen a poner en duda nuestro horizonte de felicidad. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. (1Cor 10,12).

Que, cuando sintamos la tentación, podamos creer en nuestras propias convicciones y opciones de vida, y además colocar en la balanza de nuestra conciencia, si lo que estamos apreciando nos ayudará ha alcanzar la perfección de nuestra vida o más bien negará la virtud como alcance oportuno de felicidad.

Que estos días pertinentes de la Cuaresma nos ayuden a reconocer nuestras flaquezas y limitaciones y así, poder volver nuestra mirada al Dios de la vida. Que cómo nos ha invitado el Santo Padre el Papa Francisco, podamos intensificar la vida del Espíritu a través de un encuentro vivo con su Palabra, con los sacramentos y sobre todo con el otro, con mi prójimo que es don Sagrado de Dios. ¡Feliz camino hacia la pascua. No podemos esperar la cosecha de frutos de victoria, cuando no ha habido espíritu de sacrificio en el camino a la cruz!

P. Rafael G. Viloria M cjm.
Formador Casa La Misión - Venezuela
 Para UEE – CJM Virtual




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